Un entorno natural en el Monasterio de Piedra

Publicado el 16 febrero 2012
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Existe un Parque Natural en Zaragoza, concretamente en Nuévalos, donde se esconde El Monasterio de Piedra. En él, se encuentra uno de los paisajes más bonitos que esta provincia puede darnos. El Monasterio de Piedra está rodeado de cascadas y de cavernas en las que podemos adentrarnos a descubrir grandes historias. Además, este Parque Natural nos trasmite una enorme paz y tranquilidad desde el primer momento en el que llegamos.

La zona que rodea al Monasterio de Piedra está cubierta de verdes árboles creciendo entorno al Río Piedra. Dentro de este, podemos encontrar un ecosistema de lo más variado y con una riqueza biológica increíble.

El Monasterio de Piedra es muy frecuentado durante todo el año, y nadie queda insatisfecho de su visita. Incluso, muchas de las personas que lo visitan, están deseosas de repetir.

Dentro de este parque, podemos alojarnos en el hotel que hay reservado para aquellos turistas amantes de la naturaleza que quieran hospedarse en ese entorno desde precios que realmente merecen la pena. Además de esto, podemos organizar una visita al Monasterio y asombrarnos con sus estructuras, su historia…
Tanto para hacer una escapada al Monasterio como al hotel, podemos  hacer una reserva y tener todo asegurado, con toda tranquilidad.

Si nos decantamos por una visita al Monasterio, degustaremos una guía muy completa, no sólo visual, sino también cultural. Podremos aprender más sobre los monjes que vivían allí, allá por el año 1.200, como es el caso del apartado dedicado a Historias y secretos del Císter donde nos cuentan la vida que llevaban estos monjes en este mismo Monasterio. Tanto los horarios que tenían como las reparticiones de tareas que llevaban a cabo, por ejemplo.
Sin lugar a dudas, una maravillosa historia, rodeada de vida, religión y sabiduría.

Una escapada a este parque natural, no sólo te enriquece culturalmente, sino también te hace apreciar aún más la naturaleza. El estar continuamente rodeado de paz, hace que crezcamos como personas. Además, escapar del ruido infernal de la cuidad alguna vez, está más que bien.

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